Boletin de Noticias

domingo, 28 de noviembre de 2010

Según Google, el 60% de las empresas adoptará Chrome OS una vez que sea lanzado

A pesar de que todavía falta para que veamos a Chrome OS en el mercado, en Google ya se atreven a hacer los primeros pronósticos sobre como será recibido por los consumidores. Según ellos, más del 60% de las compañías reemplazará los PCs con Windows por ordenadores con Chrome OS en cuanto el SO de Google de salga a la luz.

La visión de Google con Chrome OS es que toda la información se almacene, no en el local, sino que en servidores (en “la nube”), para que de esa forma podamos acceder a todos nuestros datos desde cualquier computador con Chrome OS instalado, y tengamos la misma experiencia que si estuviéramos usando nuestro propio computador.

Pero aunque esta visión sea muy atractiva para los usuarios “de a pie”, no creo que las empresas abracen con tanta alegría el paradigma que propone Google.


Si hablar de un 60% de adopción en el mercado de los netbooks, donde es más probable que Chrome OS tenga éxito, es muy osado y arriesgado, el hacer semejante proyección para el mercado corporativo es algo que simplemente no tiene sentido, sobre todo tomando en cuenta que las actuales incursiones de Google en ese mercado han sido sólo moderadamente exitosas. Por ejemplo, Google Apps a la fecha cuenta con
2 millones de clientes, una cifra destacable pero que tampoco es para lanzar cohetes.

Entonces, si las empresas no han adoptado de forma masiva las web apps de Google (o de otras compañías), ¿Cómo van a prescindir totalmente del software de escritorio, para así pasarse a Chrome OS? Para colmo, Chrome OS se enfrenta a una infinidad de otras amenazas: el fin del auge de los netbooks (que son el mercado al que se enfoca), el riesgo de ser canibalizado por futuras versiones de Android, etc.

Por lo mencionado anteriormente creo que la proyección de Google tiene muy poco sustento, y que lo más sensato es permanecer expectantes hasta que Chrome OS por fin aparezca en el mercado, sin elevarlo en un trono o sepultarlo antes de tiempo.

Vía | The New York Times